jueves, 16 de julio de 2009

Muestra de Dani Yako en el Museo del Holocausto Buenos Aires

Dani Yako en el Museo del Holocausto

Imágenes de un pueblo desaparecido

El fotógrafo viajó al pueblo polaco de su familia y registró una crónica visual de su recorrido. En Telaki, se encontró con los fantasmas del nazismo





Hace dos años el fotoperiodista Dani Yako viajó a Polonia equipado con un poco de ropa y una fotografía en la maleta. Era una fotografía de los años veinte en que aparecían sus ancestros polacos, entre ellos su abuela Perle, mirando fijamente la cámara. Todos ellos posteriormente iban a morir asesinados por ser judíos.

Por eso Dani Yako, heredero de un drama y esa ilustración, viajó a ese país realizando una procesión simbólica: quiso devolver la fotografía al pueblo polaco Telaki, el lugar de origen de su familia. Fue un viaje al pasado, un viaje que lo introdujo de cabeza en el nazismo y un viaje del que trajo de vuelta una exposición sentimental.

Tras su estadía en Polonia, Dani Yako volvió y montó la muestra “Un viaje”, compuesta de nueve fotografías en blanco y negro y que hace algunos días se inauguró en el Museo del Holocausto de Buenos Aires.Reconstruyó en tren todas las muertes.

Partió en Varsovia recorriendo museos tristes y luego se bajó en la estación Walkiria. Allí no tuvo más remedio que enfrentarse con una contradicción motorizada: al campo de concentración judío se dirigió en un Mercedes alemán.

Después de un viaje en un auto impensado, Dani Yako aterrizó en su primer destino. Llegó a Treblinka, el campo de concentración nazi en que murieron sus familiares, y se encontró con un lugar desolado. No había nada. Dani Yako soltó unas legítimas lágrimas y sacó del bolsillo su segunda contradicción: unas cámaras Leica (fabricación alemana). Vinieron los primeros clic.

Luego llegó a su objetivo: Telika, un pueblo que ya no aparece en los mapas, y donde vivieron sus ancestros. Allí disparó un clic conmovedor.

En Telaki el comité de bienvenida para Dani Yako se compuso de miradas hoscas y una orquesta de gruñidos en polaco. Los escasos vecinos, apenas se enteraron de que recorría el lugar un tal Dani Yako, descendiente de judíos muertos, se pusieron alertas. Con un gruñido le dijeron que no había judíos allí. Que nunca los hubo. E incluso un polaco avisó a la policía que un judío muy raro estaba merodeando.

A Dani Yako lo interrogaron. Un policía enojado le hizo preguntas y Dani Yako las resolvió con amabilidad porteña. Se estrecharon las manos y Dani Yako comprendió que, en ese lugar, Telaki, los judíos no son bien recibidos porque los vecinos tienen temor. No temor religioso, sino temor a que los descendientes de los antiguos dueños judíos de esas tierras reclamen lo que históricamente les podría pertenecer.

Dani Yako no fue a reclamar tierras. Sólo fue a dejar una fotografía. “Además yo nunca me he sentido judío”, aclara Dani Yako. Y explica que su viaje no se debe a un asunto de religión, sino a un asunto de humanidad. De hecho, el fotógrafo comprime todos sus credos en un antidogma: “No tengo religión”. Auque, claro, otros siempre le han hecho sentir la religión.

Cuando fue secuestrado en los años de la dictadura argentina, las golpizas a Dani Yako eran dobles porque tenía un apellido judío. Pero él no se cansa de señalar su desapego con la historia de Israel.

Este fotógrafo estaba en Polonia sin la compañía de ningún dios. Simplemente rearmaba un puzzle de asesinatos y la destrucción de una familia. “Es algo muy fuerte”, señala y recuerda que, mientras paseaba cabizbajo por los campos de concentración, no cesaba de preguntarse: “¿A quién se le pudo ocurrir hacer esta matanza?”. Y clic. Dani Yako seguía sacando fotos lacónicas.

Fue también a Auschwitz y, perplejo, se codeó con los restos de millones de muertos. Clic. Volvió, publicó las fotografías en un diario y luego montó esta exposición que durará tres meses y en la cual rescató todo el dolor sin que se observe una sola persona. Claro que con una excepción.

En un momento, en Auschwitz, el fotoperiodista se vio reflejado en un ventanal. Clic. Compuso un autorretrato, y ése es el único humano estremecido que registra su muestra. El propio Dani Yako. El hombre que fue a dejar una fotografía y volvió con su exposición más personal.


Fuente: www.criticadigital.com.ar

1 comentario:

Maka Fidyka dijo...

una historia profunda ,llena de sentido...como el arte rescata y el rescate es arte ..abrazo y gracias..